MOZART Y EL SW (Armin Mobarak)

Mozart y el SW



Tal vez el tratamiento más efectivo para las personas con síndrome de Williams es la música. Las personas con síndrome de Williams han mostrado una relativa fortaleza en lo que respecta a la música, aunque sólo en tareas de tono y ritmo y sienten un especial cariño por ella. Se ha demostrado que la música puede ayudar con la ansiedad interna y externa que estas personas son más propensos a ella.  Cada paciente toca perfectamente un instrumento musical o canta. Inusualmente, alta sed de música les permite percibir y reproducir los fenómenos del mundo en imágenes musicales, más que visuales. Por lo tanto, la resonancia magnética del cerebro muestra la activación de la corteza visual a la presentación de la música o cualquier estímulo sonoro en pacientes del SW, a diferencia de sus homólogos sanos. Por un lado, el fenómeno de la WBS redefine los viejos estereotipos. No hace mucho que los científicos han debatido la posibilidad de que Mozart sufriese el mismo síndrome por pruebas históricas y testimonios de sus contemporáneos. En España, la novela de Gonzalo Mouré denominada “El síndrome de Mozart”, supuso la carta de presentación de este tema al presentar la historia de un chico con síndrome de Williams, pero ya con anterioridad se había relacionado al compositor con la enfermedad. En concreto, se hizo un examen exhaustivo de sus rasgos faciales. Se encontraron opiniones de sus médicos acerca de su estrabismo, de la mala disposición de sus dientes y de su corta estatura: 1,50. También  aparecieron indicios biográficos que destacaban particularidades en la forma de comportarse: hiperactividad, ciertos tics como el tocar repetidas veces a la persona que se situaba a su lado, lenguaje escatológico (patente en la correspondencia personal con su prima o con su mujer). En cuanto a la hiperacusia, esta también estaba presente en la figura del músico. Cuentan sus biógrafos que no soportaba el ruido de la trompeta; solo la podía tolerar si se enmascaraba con el resto de la orquesta. Si la oía sola se desmayaba. Parece además increíble que un compositor tan precoz como brillante (17 óperas, 41 sinfonías, 27 conciertos y 17 sonatas hasta su muerte prematura con tan sólo 35 años) fuese incapaz en la edad adulta de atarse los zapatos o de partir un filete, de administrarse económicamente o de tener un mínima planificación . En fin, tan genial en su música como caótico en su vida diaria.






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